Exijo a Alicante
De algún modo u otro, todos somos vasallos de alguien o de algo, es decir, admitimos las jerarquías, aunque de una manera más racional que otras especies, como por ejemplo, los canes. Y aunque sea de manera inconsciente, exigimos a nuestros superiores que sean competentes, incluso mejores que nosotros, incluso que nos lideren y nos guíen para poder hacernos mejorar. Por muy bueno que sea un deportista, éste siempre se subordina frente a su entrenador, quien tiene más experiencia y sabe más. Por muy bueno que sea un alumno, éste siempre escucha y atiende a su maestro o mentor.
Pues bien, se da el caso de que tenemos una capital de comarca que en principio, debería ser un referente cultural y social para los pueblos vecinos. Se da el caso también que esa capital de comarca es también capital de provincia, motivo por el cual nos podemos sentir unos privilegiados de tenerla tan cerca. No obstante, Alicante, nuestra ciudad, nuestra capital, anda hoy en día muy lejos de lo que a nosotros, sus compañeros y vecinos, nos gustaría (al menos a mi). Intentaré explicarme, sin ánimo de ofender a nadie.
Hasta hace unos años, un alicantino no se diferenciaba tanto de un jijonenco o un mutxamelero. Compartían costumbres, cultura, tradiciones. Hoy en día, Alicante ha tomado el modelo centralista francés de parisinos y provincianos. Es una ciudad de paso, desarraigada, que ha olvidado en gran medida a su cultura y a sus intelectuales. Es un centro de servicios, de funcionariado, de médicos y abogados, de compras y de El Corte Inglés, de playas, restaurantes y turismo, de colegios “concertados”. ¿Y hay algún problema con eso? Pues en principio no y además, ya nos hemos acostumbrado a ello.
No obstante, a punto de cumplir los 30, me he dado cuenta de que ya es hora de exigir a Alicante algo. He vivido en Alicante, he trabajado allí, he estudiado en sus bibliotecas, y desde pequeño tengo muchos amigos allí. Por ejemplo, sin ánimo de generalizar, me arriesgaría a decir que para un jijonenco/a, Alicante, a 25 Km. es su segunda casa. Hay determinados negocios que en Jijona no suelen funcionar o simplemente no existen, y el motivo es que estamos tan acostumbrados a bajar a Alicante, aunque sea a comprar una bufanda, que no nos damos cuenta. Estoy seguro de que muchos alicantinos se sorprenderían si supieran todo lo que conocemos a Alicante, a pesar de “vivir en las montañas” junto a Pedro y Heidi.
En definitiva, sentimos Alicante como algo nuestro, aunque desgraciadamente, cuando bajamos tenemos que cambiar el chip, y me atrevería a decir que nos comportamos de manera distinta porque la gente que encontramos nos resulta muy distinta, y no creo que sea por el cosmopolitanismo. Y no sólo pensamos que Alicante es algo nuestro, sino que en mi caso, me gustaría que Xixona (y otros pueblos de la comarca) la sintieran los alicantinos como algo suyo, y no sólo para subiralaCarrasquetacuandonievaparallenarelcapotdelcocheybajarmeamicasasinque
sederritahaciendounacoladenarices.
Por lo tanto, a estas alturas, me veo en la obligación, con vuestro permiso, de exigir a mi capital varias cosas. Exijo a Alicante que se convierta de una vez en un referente cultural, no sólo a nivel nacional e internacional, sinó también a nivel local. Exijo a Alicante que me haga sentir alicantino y vivir sus calles, monumentos y espacios, no sólo Maissonave y Alfonso el Sabio. Exijo a Alicante que nos enseñe su historia, sus intelectuales y su tradición. Exijo a Alicante que comparta las fiestas patronales conmigo, por ejemplo, convertir sus “Fogueres” no sólo en una mascletà y en la fiesta nocturna. Exijo a Alicante que conozca más su entorno y se dé cuenta que no sólo es costa y playa. Exijo a Alicante que se cuide más a sí misma, que se quiera un poco más, y que tenga menos soberbia. Exijo a Alicante que recuerde que antes de convertirse en ciudad y capital, fue pueblo, y humilde. Exijo a Alicante que me haga sentir los colores del Hércules CF. Exijo a Alicante que se exija a si misma ser la representante de todos.
Podemos pensar que cuanto más crece una urbe, más complicado es mantener su identidad o el apego de sus ciudadanos. Pero sin agravio comparativo, nos podemos fijar, por ejemplo en Elx, que ha crecido en los últimos años y no por ello ha dejado de sentir sus tradiciones y mantener sus patrimonios de la humanidad. Podemos mirar también hacia Alcoy, donde cuidan su entorno, cultura y tradiciones como nadie, quizás en exceso. O incluso podríamos mirar a Valencia, donde los valencianos de capital, desde mi punto de vista, son bastante parecidos a los valencianos de las periferias. Y si queremos ir más lejos, podemos mirar a mi ciudad prometida, Barcelona, la más cosmopólita de todas y que no por ello ha perdido su identidad.
Y después de analizar a estas ciudades y tras algún que otro debate, me he dado cuenta de que todas ellas tienen un denominador común que quizás haya sido lo que más ha echado en falta Alicante: todas son ciudades industriales y han mantenido una burguesía más o menos activa dentro de la propia ciudad, y para la propia ciudad. En Alicante, creo que esto no ha ocurrido, siendo una pequeña sucursal o como he dicho antes, un sitio de paso, de modo que todo lo bueno que teníamos, se ha ido fuera, y no voy a hacer el comentario fácil de que todo lo malo ha venido aquí, porque no es cierto.
Quizás esté siendo demasiado crítico y muchos de vosotros no compartáis mis líneas. No todo es tan negativo. Gracias a Dios, en los últimos tiempos, he tenido la suerte de encontrar alicantinos que sienten su ciudad, incluso su comarca y su provincia. Y los he encontrado por motivos de trabajo y sobre todo gracias a Internet y los blogs. Y seguro que hay muchos más. A pesar de que no los encuentre, seguiremos buscando.
En definitiva, cambiemos el “exijo” por el “me gustaría”. Me gustaría que Alicante me enseñara cosas de ella y se erigiera como una capital líder y con personalidad propia, y no sólo como una ciudad con playa, puerto, centros comerciales y sin chicha ni limoná.
———–
Fotos extraídas de la galería de Flickr de Victor Pincho y jrgcastro



