Carta a los hijos, de una xixonenca

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He recibido un correo de una xixonenca comentándome que acababa de escribir una carta a sus hijos, y que algunos amigos que la han leído, le han comentado que sería interesante publicarla. Y aquí, mas abajo, está.
En principio, puede parecer un poco pastelón, es decir, podría pasar perfectamente por uno de esos powerpoints que se reenvian, con musiquita de fondo y que a mi me hacen de llorar, pero no por su mensaje sinó por lo estúpidos que parecen, en plan, uyyy que bonito, que tiernoooo, hoy tendré un buen día, voy a hacer el bien porque me lo ha dicho el powerpoint… aghhhh, y si lo reenvío igual me toca la lotería. Pero lo publico porque me parece interesante la reflexión, es algo en lo que siempre he pensado y me he planteado, y ahora que me voy haciendo mayor, que igual en breve soy padre, y que me dedico a la educación, la adolescencia y demás pues todavía más.
La cuestión sería:

¿Cómo debemos educar a nuestros hijos?

Vaya preguntita. Pues ¿y quién soy o para decirlo, si no tengo, creo? Cada uno los educa o maleduca a su manera, según su carácter, pretensiones, experiencia en su propia família, ideas (políticas, religiosas, personales…), su trabajo (también influye, por ejemplo, en qué trabajan los padres,si cuenta propia o ajena, si ambos cónyuges trabajan o sólo uno o ninguno, a qué hora llegan a casa), traumas, etc. Es decir, existen muchos factores a tener en cuenta para educar a los hijos, y la fórmula para tener éxito es muy complicada. Hay gente que le pone muchos esfuerzos y fracasa, y otra gente sin apenas prestarle atención, tiene éxito. En principio, parece que todo depende de los padres, pero yo creo que también depende de los hijos, y como todo, de la suerte puesto que la vida es muy larga y siempre pueden pasar pequeñas cosas que nos cambien por completo, tal como expliqué hace tiempo en el post “Quien gobierna tu vida – el efecto mariposa”.
Lo que sí que he notado es que a día de hoy, las cosas han cambiado muchísimo en cuanto a la educación en los adolescentes y niños, y por lo tanto, en su carácter. Y no es que seamos mayores. Yo con 28 años (1980) nunca querré perder ese espíritu adolescente (el bueno) y si me viera ahora mismo con 10-12 años menos (bueno, a veces no es que me vea, es que lo soy :D ) notaría muchos cambios, al menos de contexto. A mi me gusta explicarlo ayudándome del concepto de las “generaciones”, y me he dado cuenta gracias sobre todo a ser el tercero de 3 hermanos y separarnos 6 años cada uno. A ver, ya verás que rollo suelto, me veo venir, jeje:

 Carta a los hijos, de una xixonenca

Si hablamos de generaciones, hablamos también de historia, concretamente historia reciente de España: régimen de Franco, transición, democracia, y dentro de democracia pues estarían los distintos cambios que han habido a nivel político y social, y que se explican muy bien a nivel musical puesto que en seguida nos hacemos una idea visual de cada época: a grosso modo, empezamos con el “libertad sin ira” de mocedades”, Lluis Llach, etc. a la movida madrileña de Kaka de Luxe, Aviador Dro, Leño, Obus,etc, seguidos de Hombres G y Mecano, pasando al grunge, rock independiente, acid, bakalao, y últimamente hip hop, dj’s caseros, rap, R&B etc etc etc. Sin irme por las ramas, más o menos pasamos (o pasaron) de cierto estancamiento a una inocencia previa para asimilarlo todo y finalmente a una explosión de libertades y “cosas nuevas” a digerir, muchas a nivel español y muchas también importadas, mezclas culturales, incluso globalización. En definitiva, en poco tiempo hemos pasado por distintas fases y hemos tenido mucha materia que aprender.
Y concretando. Antes de nada me volveré a situar en el tiempo para poder explicarlo: Yo, nacido en 1980. Lo siento, generalizaré un poco y espero no herir susceptibilidades con términos como libertad. Hablamos de una primera generación: nuestros abuelos, nacidos mas o menos en el primer tercio de siglo. Vivieron la guerra y criaron a los hijos en la post-guerra.Tiempos difíciles y más de una batallita contada. Segunda generación: nuestros padres. Sería el sálvese quien pueda, es decir, después de la guerra y vivir penúrias (si no lo vivieron algunos, lo rozaron), no pensaban tanto en la educación como lo hacemos hoy en día puesto que tenían en la cabeza otra cosa: ganarse la vida y poder comer. La mayoría no puede estudiar (ni ir al colegio, ni secundaria, ni las universidades). Cuando lo hicieron, los maestros o profesores eran muy estrictos y algunos usaban vara o jarabe de palo. Tienen hijos. Van progresando poco a poco. Viven la transición y el paso a la democracia.Hoy en día, la mayoría jubilados. Tercera generación: hijos de los padres (más o menos nacidos entre mediados de los 60 y mediados-finales de los 80, como yo). Vivimos la democracia, y disfrutamos una mayor libertad, cambios constantes, dinamismo, experimentación. Acceso en mayor medida a los estudios. Nuevas ideas, cambios constantes. Los padres de la segunda generación imponen disciplina o respeto hacia los estudios y la educación en general (unos con más éxito, otros con menos) puesto que la ven como un privilegio. El profesor impone respeto y es respetado por alumnos y padres. Aunque modernos, los padres mantienen Cuarta generación: nietos de nuestros padres (o los actuales “hijos” o los adolescentes de hoy en día). Antes, estudiaban pocos, y lo hacían con papel, lapiz/boli y libros. Hoy en día la mayoría de adolescentes tienen en su habitación tele, videoconsola y ordenador conectado a internet. Se consienten más cosas. Algunos hijos de los padres (tercera generación) caen en el error de: “lo que no he podido hacer yo porque mi padre (segunda generación) era muy estricto, no lo quiero hacer con mi hijo”. Resultado: menos disciplina, menos autoridad, y la educación ya no es un privilegio. Además, esto unido a un ritmo de vida más frenético hace que los padres (tercera generación) estén menos con los hijos (cuarta generación) y por tanto reciban menos influencia paterna: el poco tiempo que estoy disfrutando con mis hijos, no me voy a poner a regañarle.
No me voy a poner catastrofista, no todos los casos son iguales, pero esto pasa, y mucho, hoy en día. Se habla sin tapujos del fracaso escolar, pero no del fracaso familiar porque suena demasiado vehemente.

Pero ¿dónde está el exito familiar? Es decir, ¿cómo considera un padre que ha tenido éxito con su hijo? Pues de nuevo, es muy difícil de medir puesto que cada persona es un mundo, y dos personas, dos mundos al cuadrado. Como he dicho, la fórmula del éxito es muy muy complicada y depende de los individuos que interactuan. Quizás a un determinado hijo le puedas reñir, gritar y pegar un guantazo, y le sirva, pero a otro no. Quizás a un hijo le puedas hablar de las drogas tranquilamente, advertirle, incluso fumarte un porro con él, pero puede que no funcione, que funcione más un hostión cuando veas que le huele el aliento a cerveza, o que no funcione nada. La verdad es que da mucho respeto todo esto de ser papi o mami. Ayer empecé a leer la biografía de Albert Einstein y nada más empezar contaba algo de esto. Albert Einstein, un genio, quizás la persona más influyente del siglo pasado, un éxito profesional y personal muy difícil de alcanzar. En la vida privada y familiar, un fracaso. Su hijo mayor le odiaba, el otro acabó en un psiquiátrico. Se casó con Mileva y después con su prima.

No sé si me he explicado bien, la verdad es que es difícil resumir todo lo que se me pasa por la cabeza. Todo esto ha venido a colación de la carta que he recibido, una carta que una madre xixonenca ha enviado a sus hijos. Me ha hecho gracia sobre todo una frase (que no está en la propia carta) sinó en el mail, puesto que es algo que también he oido mucho a mi madre. Es algo así como que “un árbol, cuando crece, hay que ir enderezándole puesto que cuando crece ya no hay solución”. Y también porque… uy… lo digo…. bueno vale. Me recuerda a una escena familiar de mi abuela, quien le ponía esparadrapo a uno de mis tíos (el nombre no lo digo, que si no ya me mata) para pegarle las orejas a la cabeza i no fuera un forellut, jeje.

En fin, después de todo este rollo infumable, la carta que induce a la reflexión:

Un día, cuando mis hijos hayan crecido lo suficiente para entender la lógica que motiva a los padres y madres, les preguntare:
¿Os ame lo suficiente para no haber quedado callada y haceros saber aunque no me gustase, que aquel nuevo amigo no era una buena compañía?
¿Os ame lo suficiente como para haber permanecido de pie junto a vosotros dos horas mientras limpiabais vuestro cuarto, tarea que yo habría hecho en 15 minutos?
¿Os ame lo suficiente para dejaros ver, no solamente el amor que sentía por vosotros sino la decepción y también las lágrimas en mis ojos?
¿Os ame lo suficiente para dejaros asumir la responsabilidad de vuestras acciones, aun cuando las penalidades eran tan duras que me partían el corazón?, y ante todo
¿Os ame lo suficiente para deciros NO, cuando sabia que podríais odiarme por ello?
Esas y otras fueron batallas muy difíciles pero estoy contenta, vencí, porque al final vosotros ganasteis también.
Quizás algún día cuando mis nietos os pregunten si vuestra madre fue mala, vosotros les digáis:
“Si, mi madre fue la mas mala del mundo…, mientras los otros chicos comían golosinas en el desayuno nosotros teníamos que comer cereales y leche, los otros chicos bebían refrescos y comían patatas fritas y helados en la merienda y nosotros teníamos que comer bocadillos y fruta.
Mama tenía que saber quienes eran nuestros amigos y en que ocupábamos nuestro tiempo. Insistía en que le dijésemos con quien íbamos a salir aunque solo estuviésemos fuera una hora, ella siempre insistía para que le dijésemos la verdad, como si la verdad fuese para ella lo más grande del mundo. Y cuando fuimos adolescentes, no se ni como, ella conseguía leernos el pensamiento.
No permitía que nuestros amigos tocaran la bocina para que saliéramos, tenían que bajar del coche, tocar a la puerta y entrar para que ella los conociera.
Cuando todos con 12 años podían volver tarde por la noche, nosotros tuvimos que esperar hasta los 16, y aquella pesada se levantaba para saber si la fiesta había estado bien, solo para ver “disimuladamente” en que estado volvíamos a casa.
Es cierto que por culpa de nuestra madre nos perdimos determinadas experiencias en la adolescencia, pero ninguno de nosotros estuvo envuelto en problemas de drogas, robos, actos de vandalismos, violación de la propiedad etc. También es cierto que donde vamos nos respetan porque nuestro comportamiento fue bastante correcto, ya que una de las cosas que nuestros padres nos enseñaron fue a respetar.
No fue fácil para vosotros ni para nosotros, pero vuestro padre y yo esperamos que algún día, cuando hayáis crecido lo suficiente para entender la lógica que motiva a los padres y madres, consideréis que tanto esfuerzo valió la pena y que también vosotros os esforcéis para transmitir a vuestros hijos los valores que para vosotros son importantes.

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2 comentarios en Carta a los hijos, de una xixonenca

  1. Franco A.JIMENEZ O. dice:

    Que Dios continue bendiciendo tu vida y la de los tuyos.

    Por favor de ser posible enviame un escrito que contenga etapas de cero años a quince o veinte años.

    Dios ha puesto en mi corazon a niñ@s que en este lugar deambulan sin rumbo por las calles y quiero ayudarlos tanto a ell@s como a sus padres cuando los haya, con algo de los conceptos que tu manejas.

  2. Franco A.JIMENEZ O. dice:

    En español