El precinto y la playa
Hoy ha sido un día de playa y lo he pasado mal. La verdad es que no suelo ir mucho, y quizás me pase esto por la falta de costumbre.
El inicio de la jornada prometía. Estaba sentado esperando en una terraza de un bar de carretera, junto a unos albañiles y una camarera mora que estaba comiendo. Y en eso, para un coche, y sale un máquina con más pluma que la gallina coponata (para mi que venía de Madrid de la semana del orgullo guay) y se acerca… Yo pensaba para mis adentros: “lo van a crucificar”… Y entonces va y pregunta: “holaa, sabeis donde está la cala del racó del conill”. Y le contestan los albañiles, ufff, te has pasao, tienes que volver bla bla bla. El tio da las gracias y se vuelve con el coche. Yo no sé si le pitarían los oidos, pero lo han puesto de arriba abajo, por el ramalazo y porque es una playa nudista!!! Y me he quedado pensando si ir o no… Algún día lo haré.
En fin, quitando este inicio, al final con mis más y mis menos, he llegado a la playa y es donde han empezado todas mis dificultades. ¿Por qué cojones tengo que estar todo el tiempo empalmao? Cambiaba de postura, me ponía boca abajo, de lado… ¡Qué incómodo! Enga, ahora me bañaré y me relajaré… Sí, los cojones. Todavía peor, y encima tienes que salir del agua con el bañador pegado al cuerpo… Todo un suplicio, en lugar de ir a la playa a relajarte tomando el sol, he llegado a casa estresado.
Al final del día, he sacado varias conclusiones:
1.- No puedo bañarme con compañía
2.- Menos mal que no he ido a la playa nudista porque algún ojo habría sacado.
3.- La próxima vez iré con precinto para asegurar y me haré un nudo marinero.

Etiquetas: anecdotas
Comentarios
1 comentario en “El precinto y la playa”
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[...] llevaba el PRECINTO que me ayudaría a esquivar las dificultades de las que ya hablé el otro dia en otro post del precinto y la playa. God save the [...]